jueves, 17 de mayo de 2018

ARTÍCULO DE UNA MAMÁ DEL AULA DE LAS ESTRELLAS


Me preguntaron qué es lo que más me gusta de España y sin dudarlo ni un segundo contesté “su gente”. Es su gente la que hace que las cosas funcionen; en manos de las personas está el progreso, la solidaridad, la productividad, las respuestas, los avances, las soluciones, y el futuro.
Recuerdo ese día cerca del verano caminando con mis dos hijos, en el que me detuve a preguntarle al señor que estaba en la puerta del colegio, si había plaza para inscribirlos. El señor fue tan amable que no sólo se conformó con decirme que no manejaba esa información, sino que abrió la puerta y, haciendo gala de todas las normas de cortesía, me recomendó que fuese en otro horario para hablar con el personal administrativo. Ese fue el primer encuentro que tuvimos con la persona que desde entonces, todos los días abriría la puerta por las mañanas, dándole indicaciones cariñosas a los pequeños diciéndoles: -“Sin correr”- y saludándoles por sus nombres y chocando las manos de alguno que otro niño. Nazario es parte de la historia del Colegio Jesús Varela, porque representa el cariño y el respeto que caracteriza a cada una de las personas que ahí trabajan.
Uno de los días más importantes para mí, fue cuando recibí la llamada de Maricarmen, diciéndome que mi hijo de 4 años tenía plaza en un aula de integración para niños con Trastornos del Espectro Autista.
En el proceso de derivación de mi pequeño, la especialista comentó que el Jesús Valera se había postulado voluntariamente a llevar a cabo el proyecto de “aula de integración”, lo que para mí deja muy claro que en este colegio hay personas con espíritu de superación que van a la par de las necesidades que surgen en nuestra sociedad; habla de personas con gran sensibilidad e impulso por aprender nuevas técnicas de enseñanza, y de un equipo que asume retos con muy buen manejo del cambio. Mi hijo nunca había ido a un colegio, y quisiera que cada letra que escribo aquí, trasmitiera la emoción que sintió mi corazón cuando supe que especialistas estarían velando y trabajando por su avance y nivelación. Siempre recordaré esa llamada.
Al llegar para inscribir a mis hijos, una señora se me acercó y se presentó para decirme que estaban abiertas las inscripciones para las becas de educación especial. Fue la directora Isabel. Con una amabilidad y una sonrisa que me arropó, me hizo sentir que estaba en casa. ¡Vaya, que afortunados somos mis hijos y yo!
Le he comentado a Amaya, cuando me ha atendido en recepción, que cómo no voy a estar feliz, si mis hijos son tratados con amor y empeño, y la atención que yo he recibido siempre ha sido cercana y amable.
Luego Nacho, con una paciencia única y una personalidad que conjuga la madurez y pericia de la pedagogía con la empatía. Un profesor que conoce muy bien cómo serlo, y que conecta con la esencia de cada persona. Eso vale oro puro.
La primera vez que llevé a mi hijo a su aula, no pude evitar que se me escapara una lágrima al verlo sentarse al lado de Gema, su nueva maestra. Maestra que vi muchas mañanas agachada detrás de un niño, agarrándole la manito para guiarle en su escritura; -“¡que vamos! Menudo dolor de espalda llevará a casa!
El aula de las estrellas; así llaman al aula en donde imparten apoyo a los niños con trastorno del espectro autista, y yo diría que el nombre le asienta muy bien, porque las estrellas siempre han guiado los caminos de las personas, y en este caso, nosotras las madres y también los padres de estos niños con necesidades especiales de atención, precisamos de mucha luz y epifanías que nos lleven hacía el mundo de nuestros pequeños hijos. Idoia como integradora social, y encargada oficial de los mimos, y Gema como psicoterapeuta, son nuestras estrellas favoritas.
Las monitoras de comedor que despiden a mi hijo cada tarde cuando voy a por él, se esmeran en decirle “adiós” porque quieren escuchar una de las pocas palabras que él ha logrado conquistar en esta aventura de aprendizaje.
Mi hija también ha contado con la suerte de ser tratada muy bien, y lo que más me hace sentir satisfecha, es que entiende lo que en clase le explican. A veces damos por sentado lo que “debería ser”, y resulta que no es. Lo que quiero decir, es que sus maestros se esmeran porque sus alumnos realmente aprendan.
No todo es de color rosa en la vida, sin embargo, una de las cosas que agradezco infinitamente es haber coincidido en este punto de tiempo y lugar con estas personas que hoy están inmersas en el presente de mis hijos, porque sé que cada uno de ellos es contribuyente a que el día de mañana sean unos buenos ciudadanos y formen parte de la España productiva y positiva que hoy se construye.
Cuando estemos allá, en aquel futuro que deseamos y que hoy forjamos, seguramente recordemos a nuestro colegio Jesús Varela.

@nadialucia13 / Madre de Luciana y de Elián

jueves, 10 de mayo de 2018

VISITA AL HUERTO

Nuestros chicos de tercero estuvieron cogiendo lechugas del huerto , actividad incluida en el proyecto "El huerto Jesús Buñuel" en la que colaboramos con los alumnos del ciclo formativo de educación infantil dirigidos por su gran profesora Ana Gómez.